miércoles, 27 de abril de 2011
El abuso de la nada
domingo, 27 de febrero de 2011
Poemas de Arseni Tarkowsky

- Antes de la nieve (1962)
- Terrenal a la tierra (1966)
- Mensajero (1969)
- Versos (1974)
- Día de invierno (1980)
- Selección de poemas (1982)
- Poemas de años diversos (1983)
- De la juventud a la vejez (1987)
- La luz bendita (1993)
- Obra seleccionada (1993)
Demolieron la casa de enfrente.
Los inquilinos se fueron contentos.
Llevando consigo sofás, ollas, flores,
Espejos torcidos y gatos.
El viejo miró la casa desde el camión,
Y sintió que el tiempo lo atrapaba,
Todo se quedó así para siempre.
Entonces surgió el descontento,
Un polvo seco comenzó a brillar
Lento mientras caía la noche.
En la casa quedaron sueños, recuerdos,
Esperanzas perdidas y deseos.
Demolieron todo, se llevaron los troncos.
Pero los fantasmas del pasado
De ahí no se alejaron ni un paso
Y le cantaron de nuevo al cerezo.
Bebieron vino blanco en las bodas,
Iban al trabajo y al cine.
Trasladaban ataúdes en toallas,
Se prestaban, unos a otros, dinero,
Dormían en colchones de bruma
Y arrullaban a sus primogénitos,
Mientras la áspera encía de la máquina
Lamía sus arcillas roñosas,
Y en una pata, como sobre una “T”,
La grúa giraba y giraba.
Cada momento de nuestros encuentros
celebrábamos como una epifanía,
solos en este planeta. Fuiste
más valiente y más ligera que el ala de un pájaro
bajando la escalera de dos en dos,
como vértigo, llevándome a través
de lilas mojadas a sus predios,
al más allá del espejo cristalino.
Cuando llegó la noche tuve la gracia,
se abrieron las puertas del altar,
en la oscuridad resplandecía
y se reclinaba lentamente la desnudez.
Y yo, al despertar, decía: “¡Bendita seas!”
porque sabía que era audaz mi bendición.
Tú dormías, pero las lilas de la mesa
se disponían a tocar tus párpados
con el azul del universo circundante,
los párpados, tocados por el color azul,
estaban muy tranquilos, tu mano cálida también.
En el cristal pulsaban tantos ríos,
montañas humeaban y mares despuntaban,
tenías en tu palma un globo cristalino,
estabas durmiendo en el trono.
¡Dios sagrado! Tu eras mía.
Te despertaste para transformar
el léxico de la humanidad,
y al habla colmaste
de fuerza sonora, y la palabra "Tú" mostró su nuevo significado: Zar.
En el mundo se ha transformado todo,
incluso cosas tan sencillas como el jarro y la palangana,
y el agua dura y laminada
estaba de guardia entre nosotros.
Algo nos llevó al más allá.
Nos cedían paso, como espejismos,
ciudades construidas por milagro,
la menta, cual alfombra, se acostaba bajo nuestros pies,
los pájaros seguían nuestra larga ruta,
los peces subían el río
y el cielo se abrió ante nuestros ojos...
El destino nos siguió celoso
como un loco con navaja afilada.
El bosque de Ignátievo
Las brasas de últimas hojas en total inmolación
suben al cielo y en este camino
el bosque entero se está sulfurando,
igual que tu y yo en el último año.
En tus ojos, de lágrimas llenas, se ve el camino,
arbustos reflejados en estuario tenebroso.
No seas caprichosa, no amenaces, no toques,
no ataques el silencio mojado del bosque.
Puedes oír el respirar de vieja vida:
resbaladizas setas crecen en mojada hierba,
por dentro están comidas por parásitos y gusanos,
pero la piel sigue siendo viva y picante.
Todo nuestro pasado parece a la amenaza:
mira, cuidado, vuelvo en seguida, ¡te voy a matar!
El cielo se encoge, pero el arce lo mantiene, como una rosa,
que queme más fuerte, que pique en los ojos.
Vida, vida
1
No creo en el presentir, ni temo a las señales.
No huyo del veneno, ni de la calumnia.
En este mundo no hay muerte.
Todos son inmortales, todo es inmortal.
No temas a la muerte ni a los diecisiete, ni a los setenta.
Existe sólo la luz y la realidad.
No hay ni la oscuridad, ni la muerte en este mundo.
Estamos todos en la costa del mar.
Yo soy de los que van sacando redes
repletas, llenas de inmortalidad.
2
Morad en su casa para que no se derrumbe.
Puedo invocar un siglo cualquiera,
voy a entrar en él para construir una casa.
Es por eso que sus hijos y mujeres están conmigo
en la misma mesa y la mesa es del bisabuelo y del nieto.
El futuro se realiza hoy,
y si levanto ahora mi mano
los cinco rayos con ustedes quedarán.
Cada día del pasado fue entibado
a fuerza de mis clavículas y hombros.
Medí el tiempo con una cadena del agrimensor
y lo atravesé como si fuesen los Urales.
3
Elegí el siglo a mi altura.
Fuimos al sur, levantando polvaredas sobre la estepa;
las hierbas malas humeaban, el saltamontes retozaba,
tocando las herraduras con su bigote y profetizaba,
y, como monje, me amenazaba con la muerte.
Até mi destino a la silla de montar,
también hoy, en tiempos venideros,
me levanto cual niño en los estribos.
Me basta con mi inmortalidad,
para que mi sangre fluya de siglo en siglo.
Por un rincón fiel del calor bien conservado
pagaría con mi vida obstinada,
mas su aguja voladiza
me lleva por el mundo, como el hilo de Ariadna.
En medio del mundo
Soy hombre, horno sur en medio del mundo,
miríadas de infusorios están detrás de mí,
miríadas de estrellas están enfrente.
Y yo, postrado a todo lo largo, entre ellas,
como el mar, que une dos costas lejanas,
como el puente que junta dos espacios infinitos.
Soy Néstor, cronista mesozoico,
soy Jeremías de los tiempos a venir.
Están entre mis manos reloj y calendario,
me hallo involucrado, como Rusia, en un futuro devenir
y como un pobre zar maldigo el pasado.
De la muerte sé mucho más que los difuntos,
de lo vivo, lo más vivo soy.
¡Dios mío! Una mariposa cualquiera,
cual una niña, de mí se ríe,
cual una tira dorada de seda.
Poemas sin título
***
El hombre tiene un cuerpo,
cual una celda.
Cansada el alma está
de su íntegra envoltura
con orejas y ojos,
como monedas,
y piel con cicatrices
que cubre la osamenta.
Por la córnea vuela
a la fuente del cielo,
al radio de hielo,
al carruaje del ave.
Y oye por las rejas
de su viviente cárcel
la carraca del campo,
la trompa de los mares.
El alma es sin cuerpo,
como cuerpo sin camisa,
no hay labor ni intento,
ni verso ni concepto.
Adivinanza vana:
¿Quién irá a bailar
a aquella misma plaza
donde nadie está?
Y sueño otra Alma
vestida de otra forma:
arde y corre, tímida,
en busca de esperanza.
Se quema y sin sombra
se aleja por la tierra,
un racimo de lilas
dejando de recuerdo.
No te lamentes, niño,
de la pobre Eurídice.
Empuña el palo y corre
tras el aro de cobre
mientras tus oídos capten,
ora alegres, ora secos,
de tus pasos los ecos
que repite la tierra.
***
a los agüeros. Acepto el veneno,
la calumnia. No existe la muerte,
la vida es eterna. No hay que temer
a la muerte ni a los diecisiete,
ni a los setenta. Sólo hay vida y luz,
ni oscuridad, ni muerte hay en este mundo.
todos estamos a la orilla del mar
y soy de los que eligen la red
cuando la eternidad pasa de largo.
Soñé esto alguna vez, lo sueño ahora,
sé que lo volveré a soñar de nuevo,
todo se repetirá, todo reencarnará,
y usted soñará todo lo que yo soñé.
allá, lejos de nosotros, lejos del mundo,
la ola una y otra vez golpea la orilla
y en ella hay estrellas, personas, pájaros,
realidad, sueño y muerte… en la ola eterna.
No necesito fechas: fui, soy y seré,
la vida es el mayor de los milagros.
Solo, como un huérfano, en él yo vivo.
Solo, entre espejos, cercado por reflejos
de mares y ciudades, vivo en la embriaguez.
Y la madre llorando toma al niño en el regazo.
Te esperé desde el alba,
se dieron cuenta que ya no vendrías
¿Te acuerdas que tiempo tuvimos?
Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.
Llegaste hoy y nos han preparado
un día singularmente sombrío,
la lluvia y una particular hora tardía.
Y corren las gotas por las ramas heladas
que ni las palabras podrían frenar,
ni secar siquiera un pañuelo.
Como hace cuarenta años,
palpitaciones y ruidos
de pasos, una casa y un jardín,
una vela, la mirada miope,
que no exige ni juramento,
ni caución. Bullicio en la ciudad.
Amanece. Llueve y una oscura
y la empapada vid silvestre
se enrolla a la pared, huérfana,
como hace cuarenta años.
En el último mes del otoño,
al final
de la amarga vida,
colmado de tristeza,
yo entré
a un bosque sin nombre y sin hojas.
lo cubría por completo
el blanco cristal
lechoso de la niebla.
Por las ramas claras
lágrimas limpias caían
como de árboles que lloran en la víspera
de este invierno vacío de color.
Y ahí sucedió un milagro:
al atardecer
el azul brilló en las nubes
y un rayo vivo, como en junio, atravesó
desde los días futuros mi pasado.
Y lloraron los árboles la víspera
del trabajo noble y la abundancia,
de la ventisca alegre que aletea en el azul.
Los pájaros guiaban la ronda,
como las manos que por el teclado
urdían los acordes más sublimes.
Soy una sombra, de aquellas sombras que una vez
al beber el agua terrestre, no han calmado la sed
y vuelven a su camino pedregoso,
alternando los sueños de los vivos, para tomar un
trago de agua viva.
Como la primera barca del vientre del océano,
como un cántaro sacrificial emerge de un túmulo,
así alcanzaré los escalones
donde me aguardará tu sombra viva.
¿Y si es un engaño, y si es un cuento,
y no es una cara, sino una máscara de yeso
que nos observa desde el centro de la Tierra
con sus ojos de duras piedras y sin lágrimas?
jueves, 17 de febrero de 2011
Magdiel Midence, miembro de Máscara Suelta, en el VII encuentro iberoamericano de poesía
miércoles, 26 de enero de 2011
Darwin Rodríguez (1986-2011)

Darwin Rodríguez murió esta madrugada. Estudiante de filosofía, poeta, pintor, fotógrafo y artista contemporáneo; publicó sus poemas en la Antología Caballo Verde del Taller literario Edilberto Cardona Bulnes, ganó el primer lugar del concurso de fotografía de la UNAH, diversos lugares y menciones honoríficas en los concursos de pintura de esa misma institución. Durante los últimos años se había dedicado a realizar obras de arte contemporáneo, participó en el Taller TACON, además de haber sido seleccionado, junto Ian Díaz, para participar representando a Honduras en el taller de arte contemporáneo a nivel centroamericano que tuvo lugar en Managua, Nicaragua.
Para decirlo en unas líneas más personales, todos los miembros del grupo literario Máscara Suelta pertenecimos al taller Cardona Bulnes y allí conocimos a Darwin, que por aquel entonces estudiaba la carrera de inglés; además guardamos un cariño por él o, aunque mediaran problemas personales, restaba como mínimo el respeto por su trabajo y el recuerdo grato de los días de compañerismo. Él mismo escribió sus breves líneas de presentación, como breve fue su vida, para la antología del taller: “Darwin A. Rodríguez Méndez: Nació en 1986, estudiante de lenguas extranjeras en la U.N.A.H. Fotógrafo y amante de la pintura”. Estos son algunos de los poemas que fueron publicados en esa ocasión:
Cámara
-A Sarah.Mi cámara quiere irse
me obliga a ponerle rollo
de lunes a jueves.
Se oculta para verte
sigilosamente
se mete en tu risa,
fuma vida cuando te siente,
se roba tus ganas.
Abre su boca
para tragarte,
te guarda en su álbum de sueño anónimos
donde vive la mujer y sueña la madre.
Kilómetros
Ácidos kilómetros recorro,
exceso de rostros
en mi equipaje llevo.
No viajo solo,
en cada canción,
en cada dolor
en cada gota de sudor
me acompañan sueños de libertad.
Todo resto de locura
que encuentro tirado
se convierte en mi dosis
de existencia,
luego la convierto en música.
Entre
cámaras, pinceles
continúo hurtando momentos,
lápiz, papel
gotas de valor suavizan el destino,
violines y collares
piedras y fuego
esperan ser encontrados.
El viaje es largo,
me llama, yo lo sigo
Te busco
Te busco
en calles eufóricas
juego con la melancolía
la soledad me aconseja.
Te busco
mi espíritu olvida,
caminante que grita cuando cierra la boca.
Observo tus huellas
platicamos, me besan,
las abrazo y se meten en mi piel,
por las tardes ríen a mi lado
les digo que
quiero ser libre mientras te recuerdo.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Presentación del libro "Autorretrato de un payaso adolescente" de Magdiel Midence

miércoles, 25 de agosto de 2010
Crónicas de Río de Janeiro: Sobre la obra de Manuel Bandeira y la panorámica de las costumbres cariocas
Dichas estas palabras, demos inicio entonces:
SOBRE LA OBRA DE MANUEL BANDEIRA Y LA PANORÁMICA DE LAS COSTUMBRES CARIOCAS
O ULTIMO POEMA
Assim eu quereria meu último poema
Que fosse terno dizendo as coisas mais simples e menos intencionais
Que fosse ardente como um soluço sem lágrimas
Que tivesse a beleza das flores quase sem perfume
A pureza da chama em que se consomem os diamantes mais límpidos
A paixão dos suicidas que se matam sem explicação (*)
-Manuel Bandeira
En la literatura, como en las demás cosas de la vida existe aquello de los gustos diferenciados según nuestros intereses y nuestras posibilidades. Por ello, para empezar una serie de crónicas sobre el Brasil y mas generalmente sobre Río de Janeiro, no encuentro mejor motivo que escribir una crónica sobre -el hombre de las “Crónicas Inéditas”- Manuel Bandeira, por motivos de sobra justificantes, entre otros por la exquisitez de su escritura, por su sapiencia “borgeana”-me concedo la licencia de introducir el neologismo- en la manera de transmitir ideas y exponer pensamientos fuera de afiliaciones políticas o religiosas.
Resulta que el poeta Bandeira nació un 19 de Abril de 1886 en Recife, en 1890 su familia se muda para Rio de Janeiro y regresan a su ciudad natal en 1892 (justamente el año en el cual nuestro Juan Ramón Molina realiza su visita a esta ciudad y escribe su “Salutación a los poetas brasileiros” pero esto, será motivo de alguna otra crónica que involucra a Carlos Drummond de Andrade y otros tantos), comienza escribiendo poesía, del mismo modo en que la flor cae y el agua fluye siguiendo la pendiente, dirían algunos escritores al referirse a la naturalidad con la que algunos realizan creaciones poéticas en sus inicios para luego adentrarse profundamente en las vastas regiones de la corteza literaria, escribiendo las crónicas y críticas que lo han hecho famoso. Con motivo de internarse en el sanatório de Clavadel para tratarse de la tuberculosis, viaja a Suiza donde conoce -en tal sanatorio- al senor Paul Eugène Grindel, que después tomaría el seudónimo de Paul Éluard, y a la famosa musa Gala, futura esposa de Éluard y, más tarde, de Salvador Dalí. Regresa a Rio de Janeiro, buscando un clima agradable para sobrellevar su enfermedad y que mejor escogencia para la vida que la Avenida Nossa Senhora de Copacabana en el Barrio de Copacabana (justamente a una cuadra de la Avenida Barata Ribeiro, donde en la actualidad resido), a escasos metros de la playa, el viento marino, el sol y los exuberantes cuerpos de las mujeres cariocas que en ese entonces, como en la actualidad, pasaban en traje de baño camino del mar. Así instalado, se dedica a observar. Es justamente mediante la observación como se perciben las cosas que para el común de la gente pasan desapercibidas o no consiguen explicarse.
Manuel Bandeira supo extraer la esencia del pueblo carioca y del Brasil entero; su alegría, el origen de sus tristezas, de los mitos, creencias, las carencias de un pueblo recién salido de la esclavitud, las diferencias aún existentes tanto en las tonalidades de la piel como en los tonos del trato colectivo. Para el lector desprevenido o el lector atento las sorpresas no hacen falta, para lecturas superficiales y hasta jocosas como “PNEUMATÓRAX” o lecturas profundas y que exigen al lector un mayor nivel de abstracción como en sus críticas sobre filósofos o escritores al estilo de Marcel Proust, la satisfacción y deleite en la lectura está garantizada.
Del mismo modo con que Tarkovsky definía el cine como el arte de esculpir el tiempo, Bandeira supo esculpir su tiempo, el de Brasil entero y el mundo en general, con una visión punzante y su lapicero todólogo que ora escribía sobre las costumbres del negro en el carnaval, con descripciones tan coloridas que se tiene la impresión de estar allí, de la picardía del Brasileiro en la resolución de ciertos desafíos (lo que en nuestro buen cristiano significaría “maña”), ora dictaba una cátedra sobre pintura norteamericana contemporánea, realizaba una entrevista con el pensador del momento en Río de Janeiro o redactaba un artículo sobre Hai-Kais (Haikú), la obra de Machado de Assís, el teatro francés, los mas bellos cuentos brasileños o la poesia europea; lo que no faltaba eran ideas, del mismo modo no podían faltar sus reseñas sobre los mas variados libros publicados o impresiones sobre la actualidad editorial carioca.
Manuel Bandeira se convirtió talvez sin quererlo en aquello que reseñaba, supo mimetizarse en la piel y en el aire carioca de un modo tal que lo escrito en sus artículos se refleja en nuestras imaginaciones como la navaja en el ojo de "Un Chien andalou" y nos aferra a esa pequeña ancla que nos mantiene unidos al suelo, para no perdernos entre el fuerte oleaje de la confusión y la bruma intelectual que abunda por los caminos de la tierra. Él mostró que el comportamiento de la raza humana es casi el mismo, dejando de lado el contexto, pero el espíritu carioca también es uno solo, único, no hay en el mundo un pueblo mas alegre y festivo que el de Rio de Janeiro y de todo Brasil, donde una festividad religiosa es celebrada todo el mes de Febrero desencadenando la última semana en los 7 días más alocados y desenfrenados que mente alguna pueda imaginar: el famoso “Carnaval de Rio de Janeiro”, una especie de desahogo mental y espiritual de un pueblo que no concibe una semana sin cerveza ni fiesta de Samba o Pagode y Churrasco, una muestra pequena del espíritu de alegría de este pueblo conformado en su mayoría por negros y mulatos descendientes directos de esclavos africanos explotados en las minas de diamantes y caña de azúcar por conquistadores portugueses; que usaron la danza “Capoeira” - hasta en eso de hacer la guerra los brasileños son festivos- para luchar contra los esclavizadores y lograr la libertad, para ellos y para las generaciones venideras. Pero eso sí, de la mano de Dios y de los Orishâs, el Candomblé, la Macumba, Umbandá y Espiritismo.
El día 13 de Octubre de 1968 muere el poeta Manuel Bandeira y con él su pluma de oro, pero su obra y su particular visión del mundo, o del arte, que es lo mismo, quedan con nosotros, los recolectores de pensamientos, los que contemplamos extasiados la caída de una hoja, una puesta de sol, un perro siguiendo a su cola o un poema de Nazim Hikmet sobre la ebriedad.
Las costumbres de un pueblo inmenso como el Brasil serían motivo de libros y libros, por lo tanto voy a parar aquí, contentándome con haber escrito una crónica sobre el autor de crónicas más famoso de Brasil y en general, por haber introducido una visión personal de las costumbres cariocas y Brasileiras, dejando para después el tratamiento más detallado de temas que hoy aparecieron de manera dispersa, valiéndome de la vida y obra de escritores y personajes representativos que supieron plasmar su huella en esta “Cidade Maravilhosa”, para ofrecer un panorama más amplio del pasado y presente de una de las ciudades más turísticas del mundo y sus singulares personas.
RIO DE JANEIRO 24 DE AGOSTO DE 2010
(*)
EL ÚLTIMO POEMA
Así quisiera mi último poema
que fuese tierno diciendo las cosas más simples y menos intencionales
que fuese ardiente como sollozo sin lágrimas
que tuviese la belleza de las flores sin perfume
la pureza de la llama en que se consumen los diamantes mas límpidos
la pasión de los suicidas que se matan sin explicación.
+Traducción al espanol con el perdón del autor.
