lunes, 10 de octubre de 2011

Fragmento de "Autobiografía de un hombre sin importancia"







LA ALEGRÍA ES LA ÚNICA SOMBRA BAJO EL SOL DE LA EXISTENCIA


La noticia era helada. Sentí frío, mucho frío. El invierno se adelantó en mi cabeza, y no podía soportar con eso. Me fui en busca de unas botellas ¿Quién puede pelear contra la naturaleza? Quince días después me encontraron entrando a un hotel cerca del centro. Iba con una hermosa mujer, eso fue lo que me dijo un amigo, porque ahora que pienso en ella y quiero recordar su rostro, no puedo hacerlo. Parece que su imagen esta prohibida a mi recuerdo, y que no es necesario recordarla, que no es necesario pensar en ella.

-¿Y como era? Descríbemela. Le dije

-Es la mujer más hermosa con la que te he visto. No podía creer que eras vos, aunque desde que te vi sabía que eras vos, no se como explicártelo, o ella era una tipa fea, como todas las tipas con las que salís, pero como no era fea, Dios me perdone por mencionar esa palabra y estar hablando de ella, entonces no podías ser vos ¿O te ganaste el premio? Era una cosa o la otra

-Que putas, se lo gano un pendejo, yo no tengo nada de dinero, solo recuerdo que la tipa arreglaba una llanta de su carro, me acerqué para ayudarle y al terminar, me dijo que por lo menos aceptara un trago como pago por la ayuda. Le dije que no, que lo dejara así, me dijo que no despreciara su bondad. Le dije que aceptaba por no despreciar su bondad, pero que si despreciaba el trago que me ofrecía. Sonrió, solo recuerdo su sonrisa, así como la del gato de Cheshire. Y luego me monté a su auto. Partimos del lugar, se metió a una tienda de licores y entró al auto con varias botellas preguntándome de cual quería. En tono de broma le dije que las quería todas. Sonriéndome me contestó:

-Ludwing, estas botellas son para vos, y si queres, podes compartirlas conmigo

-¿Como sabes mi nombre?

-Vos escribiste un cuento que me gustó sobremanera

-¿Que cuento?

-“El perrito que reía”

-¡Ah!, si… “el perrito que reía”

-Mi esposo lo leyó, y me dijo – Al fin leo algo de ver en un diario hondureño. Me lo enseñó, lo leí, lo volví a leer y lo leí otra vez. Ese día al acostarme recordé las imágenes, recordé la adorable descripción del perrito. Su olfato sobrenatural, La forma de mover su cola, la irresistible manera de pegársele a las personas, su manera de ladrar. Y al día siguiente llevé el diario al trabajo, antes de bajar del carro lo leí otra vez. Terminó el día y lo leí de nuevo, se me estaba volviendo una obsesión la lectura de tu cuento. Hasta tuve la absurda idea que el perro de ese cuento sería mi mascota. Entonces anduve con el diario por todos lados, por todas partes adonde iba. Y cuando alguien notaba que siempre lo cargaba y me preguntaban el por qué, les decía – Es mi mascota, un perrito encantador, solo que para conocerlo deben leerlo. No es como los otros perros, no se deja ver porque es un perrito muy tímido. Mis amigas se alejaron de mí cuando les salía con esas cosas, solo unos pocos amigos me entendieron, es lo que creo. Pero si se alejaban de mi o no, no era algo que me afectara, porque cada vez que leía tu cuento, me sentía consolada, sentía la compañía de un ser tierno y adorable. Y aparte, no tenía que estar limpiando las cochinadas del animalito. En fin, tu perrito era la mascota que siempre había deseado. Averigüé quien eras, donde te llevabas, por que calles pasabas y entonces cuando te vi que venias caminando dos cuadras atrás, aproveché a pararme y fingir que mi llanta estaba mala, pero como vos andas tan tomado, no te fijaste que la llanta no estaba mala, pero eso no importa ¿Vamos a tomar o no?

Y tomamos, tomamos y después el recuerdo se me fue ahogando entre trago y trago. De lo poco que recuerdo, es que la tipa me alababa, y me daba las gracias por haberle regalado una mascota tan encantadora sin antes haberle preguntado si la quería. Sin duda la tipa estaba loca, sin duda me subí a ese carro porque estaba muy borracho. Pero sin duda bebí todo lo que quise, y sin gastar un cinco. ¿Sabes que fue lo peor? Y eso si lo recuerdo, aunque sea un poco. Un día de esos quince días que anduve con ella por todos lados, un tipo llegó al bar donde estábamos, ella me tenía de la mano, él me saludó muy amenamente. Hablaron sobre la biblioteca de Alejandría, y el tipo le decía a la mujer que habían encontrado en la casa de un escritor español una gran parte de esa biblioteca en su casa. Y que el tipo, antes que la policía le confiscara los libros, por esas mierdas de la UNESCO y todo ese rollo, se comió unas hojas de uno de los libros perdidos de Aristóteles, y ahora, el tipo ese, anda escribiendo una nueva poética, que la RAE utilizará para que los poetas se rijan por ella de ahora en delante. La RAE y sus pendejas, vos sabes. Eso no es lo importante, luego el tipo le dijo a la mujer que le enseñara su mascota, ella sacó el diario de su bolso, el tipo leyó el cuento. Reía cada diez segundos y pasando sus dedos sobre las hojas como quien los pasa sobre el lomo de un perrito decía – Buen perrito… buen perrito. Y se despidió de ella con un beso en la boca. Le pregunté quien era y me dijo que era su esposo. Me quise ir, vos sabes que no juego en esas ligas, pero su mano me sostuvo, -No te preocupes, él es quien me da el dinero para que pueda salir con vos. No te preocupes, él nunca se enojaría porque me acueste con vos. De hecho, él se siente orgulloso que su mujer salga con alguien como vos, con un gran escritor como vos. Seguí tomando y después de eso no recuerdo nada. Las imágenes se me han ido escapando, los recuerdos me han abandonado. Y luego vos que me viste, por suerte, para sacarme de las garras de esa loca. Pero sabes lo bueno, olvide las penas que me aturdían, bebí lo que hubiera bebido si hubiera ganado el premio. Pero sabes lo bueno, que fui feliz por unos momentos. Que fui feliz en medio del invierno que se me había anticipado. Eso es lo bueno, sabes, eso es lastimosamente lo único bueno.


Fragmento de la novela de Ludwing Varela que muy pronto saldrá a la luz, y no se extrañen, esta novelita, viene de las tinieblas.

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